Recuerdo como si fuera ayer el día en que Toni Gilabert, hoy director de Whatcolor, entró en la oficina junto a David Navarro, que por aquella época era de esos diseñadores que llevaban un Mac en una mano y FreeHand en la otra. Whatcolor se dedica a fabricar cortinas y paneles para instaladores, y buscaba una forma de facilitar el diseño y el presupuestado de sus productos.
En la foto, el viejo espacio de reuniones de la oficina de Sant Cugat, donde tuvo lugar aquel encuentro
Y allí estaba yo, con mi verborrea de vendedor resonando en la cabeza mientras el instinto me gritaba que me callara. Así que hice lo que mejor sabía hacer: saqué un paquete de galletas, unas Coca-Colas de la nevera y les enseñé aquello en lo que llevaba tiempo trabajando.
Se trataba de un sistema integral donde almacenar toda la información de la empresa. Les dije que aquello iba a ser un viaje largo. Que no iba a ser fácil. Que poco a poco conseguiríamos que unos departamentos hablaran con otros a través del ordenador y no de una impresora. Y que el problema del diseño de sus productos también acabaría llegando, pero que antes había que construir una base sólida. Siempre he pensado que merece más la pena atacar los problemas desde la raíz que ir poniendo parches.
Toni me dijo que ya había visto muchos programas que prometían exactamente lo mismo, y le respondí algo que, diez años después, sigo pensando: "Sí, pero esos programas son de otros. Este será vuestro."
Y, para mi sorpresa, decidió apostar por Redsauce. Y menudo viaje. Y sí, hubo momentos críticos. Recuerdo uno en concreto que casi dio al traste con todo el proyecto, y es que había un bug crítico que no sabíamos cómo resolver. Ni siquiera con el depurador lográbamos encontrarlo. Estuvimos a punto de sentarnos con Toni para decir que no podíamos terminar el proyecto y le devolvíamos el dinero que nos había pagado hasta ahora. Él me dijo que de pozos más profundos habíamos salido y en efecto, ¡tenía razón! Se trataba de uno de aquellos problemas que hacían que un programa funcione bien en tu ordenador pero falle en el del cliente. Seguro que os suena el "a mi me funciona".
Y no fue el único reto. Los problemas de rendimiento nos obligaron a rediseñar partes enteras del sistema, a introducir colas de trabajo y distribución de carga mucho antes de lo que habíamos previsto. Mirándolo con perspectiva, fue una suerte. Experimentamos a sangre y hacha las pruebas de rendimiento al final del proyecto, en vez de desde el principio.
Hoy, diez años después, vuelvo a estar en Whatcolor. La fábrica es enorme. Seguimos informatizando área tras área, optimizando todo aquello donde se puede ahorrar tiempo y, sobre todo, hablando con la gente que hace el trabajo cada día para entender dónde deja de aportar valor y empieza a transformarse en un ordenador, y es que hay una regla que rara vez falla: en cuanto alguien abre un Excel o empieza a hacer el trabajo de un ordenador, ahí es donde hay que atacar.
Hace diez años, hablábamos de conectar departamentos, hoy hablamos de conectar conocimiento. Y entonces llegó la inteligencia artificial.
Si todo sale como esperamos, dentro de poco escribiremos un nuevo capítulo de esta historia. Y tengo la sensación de que puede ser el más loco de todos.
Allá vamos!